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Tiroides y Hashimoto: ¿otra enfermedad qué implica alteraciones en la microbiota?

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Tiroides y Hashimoto: ¿otra enfermedad qué implica alteraciones en la microbiota?

Las enfermedades autoinmunes han crecido de manera exponencial en las últimas décadas, sin embargo, nuestra genética casi no ha evolucionado. Las investigaciones destacan que esta disfunción del sistema inmunitario proviene en gran parte del medio en el que estamos y del estilo de vida que altera la expresión de los genes (epigenética).

En la enfermedad de Hashimoto, la microbiota genera mucho interés, no solo por una posible alteración del eje microbiota-inmunidad, que tiene cada vez más relevancia en las enfermedades autoinmunes, sino también por la interacción fisiológica que existe entre la microbiota y la tiroides para mantener un nivel hormonal óptimo. La ruptura de este equilibrio podría provocar o agravar alteraciones en la tiroides (bocio, nódulos, hiper/hipotiroidismo, cancer, etc) o provocar el desarrollo de enfermedades autoinmunes relacionadas con la tiroides cuando existe una predisposición genética.

¿Para qué sirve la tiroides?

Es un órgano de pequeño tamaño situado en la garganta que tiene un poder enorme sobre nuestro cuerpo. Su papel es asegurarse de que nuestras células funcionan de forma adecuada, sintetizando mensajeros, las hormonas. Las 2 principales son la tiroxina (T4) y triyodotironina (T3). T3 contiene átomos de yodo, es más activa que T4 y se sintetiza a partir de su descomposición.  T4, que también contiene yodo, permite al cuerpo controlar mejor la hormona T3. Las 2 hormonas controlan varios procesos dando instrucciones a nuestras células de cuando consumir nutrientes y oxígeno para generar energía. Si necesitamos energía, la tiroides aumenta la secreción de hormonas para acelerar el metabolismo. La glándula pituitaria supervisa y da instrucciones a la tiroides produciendo hormonas como la TSH que controla los niveles de hormonas tiroideas en sangre.

T3 y T4 están relacionadas con: la respiración, el metabolismo, el ritmo cardíaco, el sistema nervioso, el peso, la fuerza muscular, el ciclo menstrual, la temperatura corporal, los niveles de colesterol, el sistema digestivo, etc.

A veces, factores como enfermedades, toxinas y/o desequilibrios en la microbiota afectan el funcionamiento de la tiroides y alteran el metabolismo.

¿Qué relación existe entre la función tiroidea y la microbiota?

Las investigaciones destacan una diferencia en la composición de la microbiota intestinal que podría predisponer a enfermedades relacionadas con la tiroides: se observan familias disminuidas de Lactobacilus y/o Bifidobacterias.

La microbiota interviene en la absorción y utilización de los minerales imprescindibles para la función tiroidea: el yodo, el selenio, el zinc y el hierro son los más importantes en esa función. Una microbiota sana aumenta la absorción de hierro a nivel de colon, mejorando su biodisponibilidad. El selenio de la dieta no absorbido por el organismo mejoraría la composición de la microbiota, aumentando la diversidad de las familias protectoras (sobre todo la familia Bifidobacterium adolescentis).

Las bacterias intestinales compiten con el huésped por los minerales sobre todo en el tracto intestinal superior. En caso de SIBO (sobrecimiento bacteriano en intestino delgado), la absorción se ve perturbada. El SIBO es común en pacientes con hipotiroidismo.

Conocemos el papel de la microbiota en la síntesis y control de varios neurotransmisores y hormonas gastro-intestinales. En suma, el sistema neuroendocrino interactúa de cerca con la microbiota: por ejemplo, la dopamina del intestino tiene una función reguladora sobre este eje: inhibe la secreción de la hormona TSH de la glándula pituitaria, lo que podría afectar la función tiroidea en una situación de disbiosis (alteración del equilibrio de la microbiota).

Todavía se necesitan más estudios en este campo, pero investigaciones prometedoras sobre ratones han puesto en evidencia que la bacteria E.coli podría ligarse a la hormona T3 y servir de reservorio intestinal. Por otra parte, la microbiota podría influir en la reabsorción por el organismo de la hormona T4 eleminada a través de la bilis.

Hashimoto, autoinmunidad y microbiota

En las últimas décadas, se han relacionado estrechamente la microbiota con enfermedades autoinmunes y patogénesis. Las enfermedades autoinmunes relacionadas con tiroides afectan entre el 2 y el 5% de la población, sobre todo a las mujeres. Siendo Hashimoto la enfermedad autoinmune más frecuente en el mundo, el análisis de esta interacción con la microbiota intestinal ha tenido un interés creciente estos últimos años.

En Hashimoto, el sistema inmunitario genera anticuerpos (anticuerpos anti-TPO) frente a la glándula tiroidea que se altera y pierde su capacidad de producir suficientes hormonas, lo que puede ocasionar hipotiroidismo.

¿Cuáles son los síntomas? 

Fatiga, estreñimiento, posible agrandamiento de la tiroides, ligero aumento de peso, dificultada para tragar, intolerancia al frío, caída del cabello, etc.

¿Cuál es su relación con la microbiota?

Por una parte, conocemos el papel de la microbiota en la regulación de las funciones inmunitarias y la relación que existe entre disbiosis y alteración del sistema inmunológico. Por otra parte, existe una constante interacción entre la microbiota intestinal y el sistema endocrino que permite mantener en equilibrio las funciones de la tiroides.

Los estudios más recientes confirman que los pacientes con la enfermedad de Hashimoto tienen una microbiota intestinal alterada (disbiosis) y que la composición de esta microbiota se podría correlacionar con los parámetros clínicos. Aunque se necesitan más estudios para aclarar si la disbiosis es la consecuencia o la causa de la enfermedad, sabemos puede tener un impacto en la progresión de la patología. El dato sobre la composición de la microbiota podría ser de utilidad en un futuro para la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad.

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