Zonulina: qué es, para qué sirve y por qué estudiarla

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En nuestro intestino existe una compleja barrera que separa el contenido intestinal del medio interno. Lejos de ser un muro completamente hermético, esta barrera debe permitir el intercambio de determinadas sustancias y, al mismo tiempo, regular qué puede atravesarla.

En este sofisticado sistema intervienen diferentes células, estructuras y moléculas. Una de ellas es la zonulina, una proteína que ha despertado interés por su relación con la regulación de la permeabilidad intestinal.

Pero ¿qué es exactamente la zonulina?, ¿qué ocurre cuando sus niveles se alteran?, ¿qué relación tiene con la microbiota? y, sobre todo, ¿qué información puede aportarnos su estudio?

¿Qué es la zonulina?

La zonulina es una proteína implicada en la regulación de la permeabilidad de las uniones estrechas o tight junctions presentes entre las células del epitelio intestinal.

Aunque esta definición puede parecer bastante técnica, resulta más sencilla si primero entendemos cómo funciona nuestra barrera intestinal.

Antes de hablar de zonulina: ¿cómo funciona la barrera intestinal?

El interior del intestino está recubierto por una capa de células epiteliales.

Podemos imaginar estas células colocadas unas junto a otras formando una frontera. Esto permite separar el medio interno del contenido presente en la luz intestinal.

Sin embargo, el intestino no puede ser una barrera completamente impermeable.

Una de sus principales funciones es precisamente permitir la absorción de nutrientes y el intercambio de determinadas moléculas. Por lo tanto, hablar de permeabilidad intestinal no significa necesariamente hablar de una alteración.

Lo que necesitamos es una permeabilidad correctamente regulada.

Las uniones estrechas o tight junctions

Entre las células del epitelio existen diferentes estructuras de unión. Entre ellas encontramos las denominadas uniones estrechas o tight junctions.

En la documentación científica que utilizamos aparecen diferentes componentes relacionados con estas estructuras, como claudinas, ocludinas, cadherinas, JAM-1, cateninas y actinas.

Estas uniones contribuyen a controlar el paso de sustancias entre las células.

Y aquí es donde entra en juego la zonulina.

¿Qué función tiene la zonulina en el intestino?

La zonulina participa en la modulación de las uniones estrechas y, por tanto, en la regulación de la permeabilidad intestinal.

Esto nos ayuda a entender una cuestión fundamental: la permeabilidad de la barrera intestinal es dinámica y está regulada.

No deberíamos imaginar las uniones entre células como una puerta que simplemente está abierta o cerrada. Existe todo un sistema de regulación que determina cómo funciona la barrera.

Por eso se ha estudiado la zonulina como un posible indicador relacionado con los cambios que se producen en esa permeabilidad.

¿Qué ocurre cuando varían los niveles de zonulina?

Cuando hablamos de zonulina solemos encontrar especial interés en sus niveles elevados.

Normalmente, un aumento de zonulina se interpreta como un resultado que puede sugerir un incremento de la permeabilidad intestinal.

Este fenómeno suele denominarse hiperpermeabilidad intestinal.

Pero hay un matiz muy importante.

Una zonulina elevada no explica por sí sola por qué se ha producido esa situación, ni permite atribuir automáticamente determinados síntomas o una enfermedad concreta a un cambio en la barrera intestinal.

Es un biomarcador y, como ocurre con muchos biomarcadores, aporta una parte de la información.

¿Qué puede indicar una zonulina elevada?

Puede sugerir que existe una mayor permeabilidad intestinal.

Hay diferentes situaciones capaces de relacionarse con alteraciones de la mucosa y la permeabilidad, entre ellas la disbiosis, determinados procesos inmunitarios, enfermedad celíaca y diferentes factores ambientales.

Lo verdaderamente importante es no invertir la relación.

Detectar una alteración no permite determinar automáticamente cuál ha sido su causa.

¿Por qué puede aumentar la permeabilidad intestinal?

La integridad de la barrera intestinal depende de múltiples elementos.

Entre los factores asociados a procesos inflamatorios de la mucosa y modificaciones de su permeabilidad encontramos:
  • alteraciones de la microbiota o disbiosis;
  • alteraciones inmunitarias;
  • enfermedad celíaca;
  • estrés;
  • determinados fármacos;
  • sustancias tóxicas.
Esto refuerza una idea que debería acompañarnos durante todo el artículo: la barrera intestinal forma parte de un sistema complejo.
No existe únicamente la zonulina, igual que la salud digestiva no depende únicamente de la microbiota.

 ¿Qué relación existe entre microbiota y permeabilidad intestinal?

Son dos conceptos diferentes, aunque relacionados.

La microbiota intestinal comprende la comunidad de microorganismos que habita nuestro intestino. En nuestra web ya explicamos cómo diferentes grupos microbianos colonizan la mucosa intestinal y se relacionan con funciones de protección y con la respuesta inmunitaria.

La barrera intestinal, por su parte, incluye elementos físicos y biológicos que contribuyen a separar y regular el intercambio entre el contenido intestinal y nuestro medio interno.

Por eso, estudiar la microbiota y estudiar la función de barrera no responde exactamente a la misma pregunta.

Y esto también permite comprender por qué, en determinadas situaciones, puede ser interesante complementar el estudio de la microbiota con biomarcadores que aporten información sobre otros aspectos de la fisiología intestinal.

¿Por qué estudiar la zonulina?

Precisamente por su relación con la regulación de la barrera intestinal.

Mientras que analizar la microbiota puede proporcionarnos información sobre el ecosistema microbiano, determinados biomarcadores permiten abordar preguntas diferentes.

La zonulina nos interesa concretamente por su relación con la permeabilidad intestinal.

No obstante, debemos tener presente que una barrera intestinal tan compleja difícilmente puede describirse en su totalidad mediante un único dato analítico.

¿Tiene sentido interpretar la zonulina de forma aislada?

La respuesta corta es: no siempre.

Una alteración digestiva puede afectar a dimensiones diferentes de la fisiología intestinal.

Podemos querer obtener información acerca de: