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Disbiosis intestinal

La palabra disbiosis cada vez es más popular y va tomando más importancia en nuestra salud pero, ¿Qué es realmente una disbiosis intestinal? ¿Sabemos en qué nos afecta?
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Microbiota intestinal

La microbiota intestinal es la comúnmente llamada “flora intestinal”. En nuestro intestino tenemos todo un ecosistema de microorganismos formado por bacterias, virus, hongos y fagos que viven en comunidad y participan en funciones imprescindibles para nosotros como son la producción de energía, de ácidos grasos de cadena corta, vitaminas y neurotransmisores entre otras.
Se considera que a lo largo de nuestro intestino encontramos trillones de microorganismos, estando la mayoría en nuestro intestino grueso. Cuando no hemos nacido aún y estamos en el útero de nuestra madre, nuestro intestino es estéril, es decir, no tiene bacterias.
Nuestra primera colonización bacteriana se produce en el momento del parto, donde obtenemos la microbiota de nuestra madre. A partir de este momento, empieza una colonización y aumento de diversidad donde participan la alimentación, estilo de vida, higiene, estrés y todos los demás factores que nos afectan.

Disbiosis intestinal, ¿el nombre de mis problemas?

Podemos entender nuestra microbiota intestinal como nuestro DNI, cada persona tiene una microbiota distinta. Esto es así por todos los factores que influyen en ella y que la van modulando.
Aunque cada persona tenga una microbiota distinta, existen grandes grupos de bacterias que son comunes a todos los individuos y es aquí donde apreciamos si aparece o no una alteración de la microbiota intestinal.
El término disbiosis, hace referencia a esa alteración de la microbiota, es decir, a ese desequilibrio en el ecosistema intestinal. No tiene una única causa, sino que se debe a muchos factores que participan en la alteración.

Factores que desencadenan una disbiosis intestinal

Como he dicho antes, la primera colonización de bacterias la obtenemos en el momento del parto.

A través del parto natural, obtenemos la microbiota vaginal y rectal de nuestra madre. Por lo que el nacimiento por cesárea, se considera un factor que desestabiliza nuestra microbiota.
Después seguimos con la alimentación, donde nuestro primer alimento sería la leche materna. El no tener lactancia materna y haber tenido lactancia artificial, también es un factor predisponente de disbiosis ya que, a través de la lactancia seguimos obteniendo bacterias, anticuerpos, ácidos grasos esenciales…
Cuando crecemos, nos empiezan a afectar otra serie de factores como son una dieta baja en fibra, el contacto con la naturaleza, el estrés y la ansiedad, la toma de medicamentos y antibióticos, los viajes…

Todo esto va produciendo pequeñas alteraciones en nuestra microbiota, hasta que esta alteración se hace más visible y aparecen los síntomas.

Síntomas de la disbiosis intestinal

La mayor parte de nuestro sistema inmune se encuentra en nuestro intestino y además sin microbiota no tenemos sistema inmune.
Los síntomas de la disbiosis intestinal se suelen asociar a síntomas digestivos, pero hay muchos más:

 

¿Puede estar la disbiosis relacionada con enfermedades?

Gracias al aumento de los estudios en el campo de la microbiota intestinal, hoy en día sabemos mucho más acerca de los microorganismos que nos habitan.
Existen distintas conexiones entre la microbiota, el intestino y los órganos del cuerpo. Uno que ha cobrado mucha importancia es el eje intestino-cerebro-microbiota. En este eje se posiciona al intestino como nuestro segundo cerebro.
Lo podemos entender como una comunicación entre ambos donde las palabras son los neurotransmisores, hormonas y ácidos grasos de cadena corta y la microbiota es la traductora. Cuando existe una disbiosis intestinal, la microbiota no hace bien su trabajo e intestino y cerebro no se entienden, desembocando en ansiedad, estrés y depresión.
También podemos encontrar el eje intestino-piel, donde una alteración de la microbiota intestinal, repercutiría de manera negativa en la barrera intestinal aumentando su permeabilidad. Este aumento de permeabilidad hace que viajen por la sangre compuestos proinflamatorios hasta llegar a la piel y aumenten procesos infecciosos como acné o eczemas.
Además, cada vez hay más enfermedades en las que se destaca el papel de la disbiosis intestinal y su modulación para mejorar el transcurso de la enfermedad.
No obstante, la microbiota sigue siendo un campo en constante avance, desarrollo y estudio. Actualmente no podemos decir si una disbiosis desencadena la enfermedad o es la enfermedad la que desencadena la disbiosis, pero lo que sí podemos decir, es que modulando este desequilibrio podemos mejorar la patología y estilo de vida.

Si creo que tengo una disbiosis, ¿Qué puedo hacer?

Lo primero en este caso sería realizar una analítica de microbiota intestinal para evaluar ese desequilibrio. Así, en función del resultado orientar hacia un tratamiento específico para modular ese desequilibrio y mejorar la sintomatología.
La alimentación juega un papel muy importante dentro del tratamiento de la disbiosis intestinal ya que es uno de los principales factores que la afectan. Aunque cada tratamiento debe ser personalizado, existen unas pautas generales:

  • Consumir frutas y verduras todos los días
  • Añadir muchos colores a tu plato, cuantos más colores, mejor.
  • Retirar el gluten y reducir el consumo de lácteos.
  • Aumentar el consumo de alimentos ricos en omega 3 como las nueces, semillas o el pescado azul de pequeño tamaño.
  • Añadir alimentos probióticos
  • Eliminar en la medida de lo posible todos los edulcorantes, azúcares añadidos, aceites refinados y ultra procesados.

Por último, está la suplementación de probióticos para conseguir modular el sistema inmune de mucosas y aumentar nuestras bacterias protectoras.
Todo el tratamiento y seguimiento recomendamos que se haga por un profesional sanitario experto en microbiota y salud intestinal.

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